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Ángel

Foto del escritor: Elisa Samayoa
Elisa Samayoa
17 dic 2021
2 min de lectura

Viajaría a través del tiempo, para darle las gracias al fantasma de tu pasado porque, levitando en el valle de la muerte, te habías enamorado de una princesa sin corona, hecha de estrellas, la primogénita de Andrómeda. Le juraste tu eterna lealtad,  sin saber que te habías ganado un tesoro más oneroso al precio por su delicado corazón cuando te reveló las galaxias que habitaban entre su cuerpo y le diste el privilegio de la razón a esa trágica historia  que ocultaba bajo capas de perfección. Estuviste ahí, ángel, cuando solo necesitó a alguien que le creyera,  sin que lenguas largas jugaran con la sinceridad de su palabra o diluyeran su significado entre el basto océano de la mentira, con sus inmensas y peligrosas olas  chocando con las piedras donde le arrebataron lo que era: una inocente niña. Viajaría a través del tiempo, para besar los labios de aquel rostro tan divino que, con mayestáticos ojos miel y un espíritu bendito, voló a través de los tres cielos, hasta hallar el camino a la princesa y el eco de su piel, para enmendar a las heridas que ceñían a su ser.  No temiste perder tus alas, ni ser desterrado a estas lúgubres y mortales tierras; sino que, abrazaste la verdad entre tu manto y les diste paz a las estrellas fugaces que solo buscaban un lugar donde caer; después de siglos de deambular entre su universo sin esperanza alguna para renacer. Lo eras todo, ángel,  porque supiste ver la luz que era opacada por tinieblas y liberaste las constelaciones que ansiaban guiar a un universo tan lleno de vida con destellos de rebeldía, amor y conspiraciones. Aún lo eres todo  porque quisiste dar fe en una víctima y no sus prendas; sus prejuicios y su misterio; lo que hacía o si la culpa le correspondía; porque confiaste en una víctima y desafiaste a los demonios que se interpusieron en ello, confiaste…, tan solo en ella Viajaría a través del tiempo,  pero, por si no puedo, ojalá que sepas que, ahora, soy de carne y hueso; que, aunque en ese pasado muero, en el presente —el único que tengo —, vivo por todo lo eterno. Vivo por ti y por esas otras princesas hechas de estrellas, también vacías y rotas, que necesitan un ángel que les dé alas cuando el mundo entero le dé la espalda a su historia, a su verdad.

Puedes irte, ángel, perdoné a mis palabras y soy libre ya; he amado y me has amado; debes ir a salvar a otras, sé cuánto te necesitan,  del mismo modo en que sé que, en sus letras, ellas siempre te recordarán.   Adiós, ángel.

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